| | Amir Thaleb Life.com | más amoroso, más condescendiente, más tolerante, porque todo esto aprendí a serlo conmigo mismo. También aprendí a poner límites directos cuando debe ser, a no guardar para más adelante. Un “¡Hijo de puta!” dicho hoy con toda la furia nos evita futuras discusiones y rencores.
Claro está que aún debo luchar contra la mentalidad de algunos que tratan de marcarme qué cosas debe y qué cosas no debe hacer Amir Thaleb: “Esto no pudo haber dicho AT”, “Esto no puede hacer AT”, etc., etc., y a mí me dan unas ganas tremendas de mandarlos a la puta que los parió con toda mi alma y humanidad, pero me freno no solo por ser educado, sino por ser consciente de que uno —debido a sus logros— es un referente para mucha gente y, sobre todo, para muchos jóvenes. Y ante tanta mala onda y tanta falta de educación en el ambiente de la danza oriental, debí aprender a medirme para no alimentar la mentalidad de cizaña con la que muchos están acostumbrados a manejarse. Ser humano también es pensar en los demás.
Toda esta experiencia me llevó a ponerle un horario a AT, a darle más libertad a Amir y más integración a los diferentes espacios que ocupo en la vida. Me hice más exitoso, mejor hermano, mejor hijo, mejor amante, mejor en todo desde mi |
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| En busca de mi propia humanidad | propia humanidad con falencias y virtudes que hoy no duelen, sino que son parte de mi integridad. Me volví más sensible y debí trabajar en profundidad, porque obviamente las cosas empezaron a afectarme mucho más. La infaltable envidia de los demás, los acontecimientos del mundo, las injusticias, las traiciones, en fin, todo comenzó a afectarme más. Cuanto más humanos, menos corazas tenemos, y por ende, más sensibilidad y exposición. Sin embargo, recordé una enseñanza que había recibido hace unos cuantos años: “Anteponé la inteligencia al ego, y las cosas te afectarán, pero desde un lugar más sano” y resultó, las cosas me afectan, pero desde un lugar menos nocivo. Mis amigos a veces se alteran: “¡Cómo podés estar tan | | | tranquilo con lo que esta hija de p… dijo de vos!” o “¡Cómo te podés reír de tal o cual cosa!”, y siempre les digo que no soy un santo, en absoluto, que tan solo tomo las cosas de quien viene… También logré incorporar muchas de las cosas negativas de este oficio como “parte de”. No solo hay que aceptar los elogios, los aplausos, la gente sincera, sino hay que incorporar | | |
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