| | Amir Thaleb Life.com | protegido, por la sed y el hambre total de llenar cada hueco interior. Cuando lográs trascender todo esto, producto de la madurez, comenzás a bailar para vos, para el regocijo de tu espíritu, de tu alma, cuenta solo lo que vos querés expresarte a vos mismo, ya no es importante que a los demás les guste, sino que a vos te guste. Esto puede sonar egoísta, pero es lo más maravilloso que puede sucederte, porque comienza a expresarse tu humanidad, ya no tu ego o tus necesidades primarias, sino aquel lenguaje más elevado y sublime que sos vos y tu danza, y la virtud de poder hacerlo más allá del aplauso o de lo que los demás esperan, y es maravilloso. ¿Saben por qué? Porque el público ama lo auténtico, lo real, lo profundo, lo humano.
No es fácil llevar una carrera exitosa durante tantos años sin que el público se aburra, deje de apoyarte, no obstante, aún lo logro, aún mantengo el interés de ellos hacia mí, porque yo me renové, cambié mi percepción de la vida y así pude renovar el interés del público hacia mi arte. Cuando ya todo parecía llegar al final, apareció un nuevo comienzo, con nuevos adeptos, nuevos fans, pero más reales, más profundos, más humanos. Los comentarios de los demás cambiaron, ya no eran “¡Qué lindo que sos! ¡Qué bien que bailas!”, sino “Sos un ser especial, hay algo que es diferente en vos, tu alma conmueve la mía”. |
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| En busca de mi propia humanidad | Todo esto se vio reflejado en otros aspectos de mi vida. Como maestro, renové mi interés y mi vocación, mis clases se volvieron más profundas, más sentidas, más artísticas, pero también más elitistas, comencé a manejar un idioma que no es para todo el mundo. Esto hizo que muchos me eligieran, pero que pocos sean elegidos por mí. También otros se fueron, no me interesaba retenerlos en absoluto, puedo comprender las etapas de los demás, pero no siempre tengo ganas de estar con quienes no quiero estar. Esto me permitió, naturalmente, escoger más dónde y cómo desarrollar mi trabajo, comencé a decir no a muchas cosas y aun hoy sigo este proceso.
Lo personal también cambió y mucho. Aprendí que no solo se trata de ver lo propio, sino también de comprender más al otro, que no hay que dar por sentadas las cosas, el otro también necesita de nosotros, también necesita escuchar una palabra amable. Me había acostumbrado mucho a ser acompañado, pero no a acompañar. Esto me ayudó a ser más humano con los demás, a escuchar, a abrazar, a decir “Te quiero”, a decir "También yo estoy feliz con vos”. Una de las cosas que más me ha reclamado mi pareja era que cuando me decía “Te amo”, yo respondía “Eso es bueno”, como si amarme fuera un premio mayor y no parte de un intercambio y un feedback entre dos seres. Aprendí muchas cosas, me volví | | |
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