| | Amir Thaleb Life.com | superficialidad se apoderan de cada rincón de la vida, y perdés la brújula en un instante, sin siquiera darte cuenta: trabajar, acumular, trabajar, acumular. Poco a poco te vas volviendo esclavo de todo esto, que termina siendo adictivo, y luego, el miedo a perderlo se apodera de vos.
Llevaba diez años de pareja que se fueron convirtiendo en la horrible realidad de compartir un techo y nada más, porque así estás acostumbrado, sin saber si seguís amando o no. El mal humor y la falta de todo van aniquilando la convivencia.
Cientos de alumnos, viajes, una vida de locos sin tiempo para la vida misma me fueron haciendo un trabajo corrosivo que explotó bien explotado cuando al cumplir cuarenta años me encontré vacío, con una tremenda soledad interior, desquiciado y, finalmente, separado. En pocas palabras, me dejé llevar sin siquiera tener idea hacia dónde iba.
Los cuarenta llegaron con una fiesta para ciento cincuenta personas, que no tenía ganas de hacer, pero –como ya todo estaba pago, y mis primos de Miami tenían sus ticket de avión en la mano, al igual que los de Mar del Plata– no podía echarme atrás. |
|
| Cumpleaños número cuarenta | Mi cumple llegó con un enojo inmenso en la vida, carente de todo y con un montón de conflictos sin resolver que iba arrastrando a cada paso de mi existencia. Y lo peor de todo, tenía una dependencia emocional hacia todo aquello que iba dejando atrás.
En síntesis, un momento de mierda en mi vida, un cumpleaños del carajo y una existencia desgraciada. Sucumbí en una depresión desgarradora, estuve una semana sin bañarme, sin afeitarme y sin comer. Una depresión que me dejó de rodillas frente a la vida. Como quien dice: “toqué algo más que el último subsuelo”. | | |
|
| |