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Amir Thaleb Life.com |
Me invitaron a bailar y bailé sin prejuicios ni estupideces, no me
dejaban salir del escenario y mi presentación duró cuarenta minutos.
Estaban todos enloquecidos, llenaron el escenario de dinero y lo más
sabroso era bailar con esos increíbles músicos, habíamos logrado una
amalgama que parecía que trabajábamos juntos desde hacía años, especialmente
con el derbakista Mustafá, quien había sido percusionista de Nadia Gamal,
una legendaria bailarina de Oriente Medio. Lo disfruté de una manera increíble,
mejor las cosas no podían haber resultado. Ese instante había erradicado todo
el sinsabor que estaba viviendo en ese momento.
Terminé mi exposición y recibí invitaciones de todas las mesas, el
dueño me había mandado una serie de platillos orientales y bebidas. El
Embajador quiso conocerme y me invitó a ir a almorzar a la Embajada al día
siguiente. Los muchachos de la otra mesa estaban encantados. Y la familia
sefaradí terminó siendo mi familia sustituta por todos los años en los que viví
en la Tierra de los Aztecas. |
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México lindo y querido!!! |
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Todos iban a decirle al dueño que me contratara, que no dejara
pasar una oportunidad así. Volví a mi hotel esa noche tocando las estrellas
con mis propias manos.
Al otro día, ahí estaba, sentadito en la mesa del Embajador, charlamos
muy ameno y me comentó que si llegaba a quedarme en México, estaba interesado
en una serie de proyectos culturales y que iba a necesitar mi ayuda.
“Genial!” pensaba, pero yo tenía una urgencia más importante, ya que me
estaba quedando sin dinero y aún me quedaban muchos días por delante antes
de poder regresar. Pero no dije nada de esto al Embajador, no daba en absoluto.
Terminado el almuerzo me fui a Adonis, ya que me esperaba el dueño
para tomar un café juntos. Mientras lo esperaba, porque estaba muy ocupado,
me hicieron sentar con el armenio Minassian, a quien había conocido la noche
anterior. Me felicitó por mi forma de bailar y me decía que tenía un
futuro increíble. Vino el dueño y nos quedamos charlando los tres un buen rato.
Luego, le pedí una entrevista para charlar con él en algún otro momento en que
se encontrara más relajado y me invitó a regresar a la noche. |
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