| |
|
Amir Thaleb Life.com |
Pero los seres humanos estamos dotados de una capacidad de supervivencia
increíble. Me descargué un buen rato y bajé a la recepción corriendo.
Pedí una revista de esas que le suelen dar a los turistas, donde figuran los
restaurantes más importantes y lugares de shows destacados. Miré en la lista de
restaurantes árabes y para mi asombro vi que sólo figuraba uno. Una sola
chance se me presentaba, debía pensar muy bien el tiro, afinar mi puntería para
dar en el blanco, ya que otra opción no había. Era Miércoles y preferí
esperar al día siguiente, ya que consideraba que Jueves era mejor día para ir.
En esa época, era muy amigo del cantante Facundo Cabral y antes de ir a
México, habíamos quedado en llamarnos, ya que coincidían los viajes. Lo llamé al
hotel donde se hospedaba, charlamos largo rato pero en ningún momento tuve
coraje para contarle lo que me estaba pasando, así que me mandé la parte y
le dije que estaba de mil maravillas. Por dentro pensaba: “Si supieras que mi
comida de hoy, sólo ha sido un café con leche y un croissant…”
Al otro día, esperé ansioso la noche para ir al restaurante. Mientras tanto,
caminaba por los Bosques de Chapultepec, por lo menos para ir conociendo
algo. |
|
|
|
México lindo y querido!!! |
|
Llegó la hora, me vestí con lo que mejor tenía, agarré
mis dólares y me fui caminando hacia mi oportunidad. Esa noche caminé tres
horas hasta que finalmente lo encontré. No podía darme el lujo de gastar en
un taxi y fui caminando, pero me costó mucho llegar. Como dice el refrán:
“Preguntando se llega a Roma.” Y en este caso, llegué al fabuloso Adonis,
el mejor y más grande restaurante árabe cinco estrellas de la Ciudad de México.
Cuando me paré junto a su puerta principal, pensé cuánto podría llegar a salirme
este tiro de gracia.
Una vez aprendí que nunca hay que bajarse los pantalones antes de tiempo, que
no hay nada peor que pedir trabajo dando lástima, que siempre hay que estar
con la frente en alto y con toda la dignidad, pero nunca con arrogancia, y así
lo hice.
Me recibió el maitre en la entrada, pedí una mesa cerca del escenario, me
preguntó que deseaba servirme, pedí un whisky (yo no bebo whisky) y el
mesero me dijo: “¿En las rocas?” Yo no tenía idea qué era eso, pero le dije
que sí.
La estrategia era que cuando saliera a bailar la odalisca, me invitara a
bailar y así poder desplegar mis dotes de bailarín. El Plan B era lograr
bailar de alguna manera. |
|
| |