| | Amir Thaleb Life.com | romper el cajero automático.
Nada de lo que veo es propicio para escribir un capítulo, pero esta es la vida real, un mundo llenos de minimundos en donde cada uno responde a su propio sistema, el moreno de enfrente sigue a los gritos y la pareja de al lado sigue enamorada, quizás como hace veinticinco o treinta años, o solo aprendieron a aguantarse y a disimularlo bien, pero bueno, ya es hora de que me meta en mi vida real y baje la cortina por un rato. | * | | Hace un año y medio más o menos, bajé de peso de 67 a 59 kilos en tan solo 15 días. Yo estaba feliz, porque quería volver a estar flaco. Claro, no me daba cuenta de nada de lo que me estaba pasando, pero yo me sentía divino y super fashion. Es más… como hacía un año me habían practicado una lipo en la panza y en los flotadores de la cintura, estaba feliz del gran efecto de la cirugía. Empecé el gimnasio, porque me habían quedado los brazos con colgajos, y lo que me llamaba la atención era que no desarrollaba masa muscular. Claro… ya a estas alturas, todo mi entorno estaba más que conmocionado, pero nadie se atrevía a decirme nada. Yo seguí adelante feliz de la vida, aunque no me gustaban las palpitaciones que estaba sufriendo, cada día más seguido, y más sabiendo que mi padre |
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| En el filo de la vida | murió de un ataque al corazón, pero bueno, seguí adelante mientras varios habían comenzado ya a decirme “¿¿¿Estás bien??? Estás muy flaco, no adelgaces más”, y yo seguía feliz de la vida. Empecé a usar los trajes de antes, me quedaban pintados, tuve que comprarme ropa nueva, todo me iba grande y me compraba dos talles menos y hasta tres también, ¡guau! Recordaba que una psicóloga me dijo una vez que no pretendiera volver a tener el cuerpo de los quince años, y yo decía para mis adentros “¡Viste que sí, gansa!”.
Todos se alarmaron tanto que ya no resistieron y empezaron a hablarme. Un amigo, otro, mi familia, mis alumnas, todos me decían que ya no hiciera más dieta, que no fuera más al gym, tanto tanto que terminaron preocupándome y pedí turno con el médico. No obstante, mientras pasaban los días esperando el turno, mi cabecita empezó a trabajar… y dije… “Bueno… me parece que tengo cáncer, pero si es así no hay problema, porque no me duele nada…”. Y me pasaba algo muy raro, todo mi ser se invadía de mucha paz, tranquilidad y resignación… Aprendí una vez que todo lo que puedas cambiar en la vida, cambialo, no te quedes de brazos cruzados, accioná… pero, si no tiene solución, no pierdas el tiempo preocupándote por lo que no podés realmente cambiar cuando está en manos del destino, del | | |
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