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Amir Thaleb Life.com |
Llegó la noche, Walid presentó su show y pasaba el tiempo y pasaba y
no me presentaba nunca. Después de casi una hora y media, y ya hacia el
final de su show, me presentó y me invitó a bailar.
Salí todo seriecito y con cara de buen chico. Los árabes me aplaudían y me
tiraban dinero. En un momento, me dí vuelta y le dije al percusionista: “Sígueme!”
Y comencé a desarrollar ampliamente toda mi locura...
La gente se volvió loca, llovía dinero a granel sobre el escenario, se
paraban en las sillas, gritaban, el dueño tuvo como un colapso de
admiración y mi amigo, un colapso de espanto. |
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Justamente lo que no debía hacer fue el motivo por
el cual me contrataron.
El dueño enloquecido me decía: “Amanhã tein que falar com você, fica cá.”
(Mañana tengo que hablar con vos, quédate aquí). Y me contrató con un
sueldazo. Compartía el departamento pagando a medias con Walid y mi show era
todo un suceso. |
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El comienzo
de una Carrera Internacional...
también el exilio. |
Cada noche venía el dueño de Porta Aberta, como se llamaba este
restaurante, y gritaba “Troca Amir, troca!” (Cámbiate) Y eso significaba
que la gente venía a ver sólo mi Tabla Solo, una destreza corporal que se
hace al ritmo de los tambores - explico para quienes no saben. Llegaba a hacer
ese número unas siete veces en la noche, al poco tiempo ya estaba harto
de hacerlo.
Mi amigo no podía creerlo, no salía de su asombro. “No puedo creerlo” -
me decía - “los árabes aquí son tan cerrados, fanáticos y machistas y no
puedo creer cómo te quieren y te admiran. No entiendo nada…”
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